Llámalo septiembre, llámalo cambios, llámalo un mes más

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El tópico —o no tan tópico— sobre septiembre todos lo conocemos, ¿verdad? Nuevo curso académico cuando uno es niño, adolescente y zagal con carnet joven recién expedido; y nuevo curso también en edad adulta, cuando esa separación entre temporadas que marca el verano y las vacaciones, si se tienen, es más que evidente. Tanto si a la vuelta del periodo estival le sucede algún cambio como si todo permanece igual. El impasse se nota, siempre lo he pensado.

Que no suene a autoayuda barata o mensaje motivacional cansino, porque qué pereza, pero este mes puede ser tiempo de replanteamientos y nuevos propósitos. Como con el cambio de año, vaya. Desde tipismos como el de apuntarse al gimnasio o adoptar hábitos más saludables a otros quizás menos típicos aunque sí habituales, como enfrentar una reinvención a varios niveles o, tal vez, comenzar algo que te ilusione y lleva tiempo dando vueltas en tu cabeza. Apostaría a que todo esto nos suena. Pese a lo repetitivo que resulta escuchar año tras año las mismas chácharas sobre estos días, muchos son los que encuentran en él una perfecta excusa para el reseteo. Y eso es genial.

Porque sí, el reinicio podría ser el mismo en octubre, en febrero o en mayo. Todos los replanteamientos pueden tener lugar en cualquier momento, al igual que cualquier aspiración o deseo de cambio, qué duda cabe. Pero si ese punto de inflexión que es el estío sirve para reflexionar, valorar la situación que se vive y tomar decisiones para que septiembre se convierta en una especie de frontera vital que propicia dar pasos decisivos hacia un lugar mejor, que sea muy bienvenido. A pesar de que algunos propósitos vayan a costar o, rompiendo todo el planteamiento previo, simplemente queremos pasar de lo que se supone que propicia esta época como relataba hace unos días Mariola Cubells en una columna de la revista Urban.

Porque ahí está la gracia. Las oportunidades están, si se quiere y si se tienen, para aprovecharlas como deseemos. Sea haciéndolas útiles, sea tirándolas a la papelera para quedarse tal cual. Lo interesante es que las haya.

Pese a que ya no queden días de verano, septiembre me gusta.

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