La bomba de Siscu del Museu de l’Embotit, una reinterpretación explosiva

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Nuestra intención era cenar en la antigua fábrica de cervezas Moritz, porque tras varios días visitando Barcelona la necesidad se había convertido en obligación, pero elegimos un día no demasiado bueno. En la víspera de un festivo, el de la Constitución, en medio de un acueducto muy dado a lo vacacional, había cola incluso para indicar al encargado que se quería una mesa. Así que decidimos aplazar la visita para otro día y callejear de vuelta a nuestros aposentos buscando algún sitio en el que detenernos.

Por el aspecto auténtico del local y una sugerente pizarra en la puerta, con precios razonables que les venían más que bien a nuestros bolsillos, terminamos metiéndonos en el Museu de l’Embotit, en el 131 de Floridablanca.

Para empezar, pedimos una muestra de embutidos catalanes que nos dejaron con ganas de más estando en un lugar llamado «museo» del ídem, aunque no estaban mal. Seguimos con pa amb tomaquet, un acompañamiento catalán para cualquier ágape que deberíamos exportar al resto de territorios de forma imperiosa, aunque sea incluyéndolo en el articulado de la Constitución como derecho fundamental; un par de raciones adicionales correctas sin más y, finalmente, la joya de la corona: la bomba de Siscu.

Una bomba que es la bomba

Cuando la vimos en la carta, escrita con bolígrafo como el resto de platillos, no teníamos ni idea de qué estábamos pidiendo. Sin embargo, viendo que en varias webs de recomendaciones se decía que casi era un pecado marcharse de aquel lugar sin haberle hincado el diente, nos convencimos. Qué gran acierto. ¡Gracias, interné!

El plato en cuestión es una versión de la popular bomba barcelonesa, nacida según dicen en el barrio de la Barceloneta. Una tapa hecha de patata y carne, rebozada como si fuese una croqueta, que se corona con una salsa picante a modo de mecha. El no va más.

No obstante, este verso libre nacido en el barrio de Sant Antoni deja a un lazo la mezcla de harinas y demás ingredientes para elaborarse solamente con patata, dados de chorizo picante, jamón y queso. Una combinación sabrosísima de por sí a la que se une una generosa capa de suave alioli cremoso, dejado caer por encima, que se remata con pimentón picante espolvoreado. Uf.

El resultado de esta reinterpretación de todo un clásico local es realmente exquisito. Por no decir explosivo, je. La bomba de Siscu es una pequeña, certera y rica revisión de una tapa típica. ¡La bomba!, si se me permite un segundo chiste. La próxima vez que un servidor pise la Ciudad Condal con tiempo para ir de aquí para allá volverá a por otra bomba d’en Siscu, como también es conocida. Que no le quepa la duda a nadie.

📌 El Museu de l’Embotit

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