Lo que no me esperaba de Apple

Tengo como teléfono móvil desde hace tres años un iPhone 4 que, pese a sus primaveras, todavía se comporta. Hace dos años arriba o abajo decidí hacerme con una tableta y la escogida fue un iPad, uno de aquella fugaz tercera generación. Pese a todo, la etiqueta de fanboy de Apple no podría estar pegada a mí.

¿Me gusta la compañía? Sí, como me pueden gustar Microsoft o Google. ¿Me gustan sus productos? Al menos el iPhone 4 y el iPad de 3a generación sí, como me gustaron en su día el HTC Desire o el Nokia 3650. ¿Soy por ello, como decía antes, un fanboy? No, pero tampoco lo contrario, cosa importante.

El caso es que la keynote de Apple del pasado martes en el Flint Center de Cupertino la esperaba con muchísimas ganas como apasionado por la tecnología que soy y, además, como pequeño reto profesional por ser la primera que cubríamos, con toda la carne sobre el asador, en Malavida.

¿Y qué esperaba de ella? Algo revolucionario, algo rompedor, algo que dijese: olvidad todo lo que hayáis visto hasta ahora, esto que presentamos es lo que marcará el camino desde este mismo momento. Pero no, ni revalidamos la presentación del Macintosh original en aquel mismo recinto hace tres décadas, ni la presentación del primer iPhone en 2007; si Apple tenía un as bajo la manga el martes, se lo guardó.

La importancia que se le había dado al evento, la selección de aquella histórica localización para la compañía y las expectativas que el mundillo tecnológico se había formado quedaron en una correcta renovación de los teléfonos de Apple con la llegada de los esperados iPhone 6 y iPhone 6 Plus, el anuncio del sistema de pagos Apple Pay que será lo que será porque lo impulsa quien lo impulsa y la presentación del Apple Watch, el elemento que quizás debía marcar el punto de inflexión de la presentación con algo especialmente novedoso que finalmente no llegó entonces y no terminamos de saber todavía si llegará en el futuro, cuando todas sus características se desvelen.

Sinceramente, fui de los que mantuvo hasta el último momento el anhelo de un anuncio por el que bendecir el One more thing una y mil veces y repetir de nuevo un Apple lo ha vuelto a hacer, pero el 9 de septiembre, en mi opinión, no fue el día. Y no me lo esperaba.

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