Quiero hablar sobre usted, pero no me lo pone fácil

Los que nos dedicamos a juntar letras hablando de vez en cuando de productos o servicios de terceros nos enfrentamos en nuestro día a día a una pequeña dificultad: conseguir material gráfico con el que apoyar nuestros textos. Puede parecer sencillo conseguirlo, pero en demasiados casos no lo es tanto.

¿Podríamos ir a la web de la compañía en cuestión e ir guardando las fotografías que vayamos encontrando? Sí. ¿Podríamos teclear en Google el nombre del servicio y llevarnos la primera imagen que se nos pusiese delante? También, pero en ninguno de los dos casos estaríamos haciendo lo correcto.

Porque aunque utilicemos la fotografía, la imagen o el vídeo con la mejor intención del mundo, simple y llanamente con el objetivo de ilustrar una información, sobre todo ese material que empleemos debemos tener ciertos derechos que nos permitan su uso. Siempre. ¿Y es eso fácil? No, por desgracia no.

Y al final, unas veces porque las webs de las empresas o servicios en cuestión carecen de zona de prensa y otras porque los textos legales que incluyen no indican claramente la cesión de unos mínimos derechos, nos vemos abocados a emplear por nuestra cuenta y riesgo imágenes que no sabemos si podemos utilizar, echar mano de recursos socorridos como las capturas de pantalla, terminar en un banco de imágenes buscando una quimera que se acerque a aquello que queremos o esperar sentados la respuesta a un correo de petición de utilización que puede llegar demasiado tarde.

Por todo ello resulta sorprendente que a día de hoy grandes compañías, empresas con recursos ingentes, con grandes presupuestos dedicados a publicidad, marketing y comunicación no dispongan de los espacios, áreas, zonas o salas de prensa, como lo queramos llamar, que tanto ellas como los que escribimos sobre ellas nos merecemos.

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