Sí, Snapchat, fue bonito mientras duró

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Un día creas un producto que es la repanocha. Un servicio único, novedoso, que en poco tiempo comienzan a utilizar millones de personas en todo el mundo. El resto, los que ya estaban, se fijan en ti. Desean ver cómo lo haces, descubrir qué más quieres hacer e incluso te quieren, directamente, al completo. Te ponen 3.000 millones de dólares estadounidenses sobre la mesa. Casi nada.

¿Qué haces en ese momento? ¿Vendes? No. Sabes que has creado un servicio con muchísimas posibilidades. Crees en él y además te gusta, te apasiona. A los usuarios les encanta, por si fuera poco, y el viento sopla a tu favor. ¿Qué puede salir mal? Así que dices que no. Adiós, señor del maletín, me quedo como estoy. Pero él no lo hará. Sabe lo que quiere, lo desea y lo va a conseguir contigo o sin ti. Es así.

Cuatro años después de esa oferta y tu rechazo, tres de sus productos más importantes te estarán replicando al unísono. En una gran prueba que alcanza incluso un servicio aparentemente intocable, dotado de cierta inmunidad frente a los cambios como es WhatsApp, tu misma filosofía, gran parte de las funcionalidades que diseñaste están funcionando de uno u otro modo. Usándose, para alegría del que te intentó comprar sin éxito. Poco a poco, además, estas replicas superan tus cifras.

Es la historia de Snapchat, sí, y el intento de compra de Mark Zuckerberg. El relato de un «no» de Evan Spiegel a una cifra que triplicaba la compra, solamente un año antes de otro grande y prometedor servicio, Instagram. La crónica de un asalto anunciado que ha terminado desarrollándose en cinco actos.

El primero fue el lanzamiento de una aplicación con un espíritu idéntico, Slingshot, que no obstante fracasó. El segundo, certero y directo a la línea de flotación de Snapchat, Instagram Stories. Que triunfó como pocos imaginaban en una red con una enorme base de usuarios. El lanzamiento de Messenger Day, función de su servicio de mensajería que elimina cierto contenido audiovisual tras veinticuatro horas, fue el tercero. El cuarto, la inclusión estos últimos días de stories en Facebook. Y el quinto, de momento el último y definitivo, se ha materializado esta semana: la presentación de los nuevos estados de WhatsApp. WhatsApp Estados o WhatsApp Status, como queráis llamarlos.

La aplicación de mensajería por excelencia prácticamente convertida en estándar evoluciona sus estados y cierra su particular círculo, en un movimiento que no hace demasiado tiempo nadie hubiese esperado. Si en sus orígenes su función esencial era la de mostrar un estado, una línea con un texto a otros contactos a la que se sumarían más tarde los mensajes, ahora esa misma funcionalidad toma vitaminas y se transforma al más puro estilo Snapchat. Siendo además un perfecto caramelito para empresas. Entre medias, cerca de ocho años sin apenas cambios que han puesto un punto y aparte en la historia del servicio en las últimas jornadas.

Zuckerberg, a días de la salida a bolsa de la compañía Spiegel, finaliza su asalto al concepto. Y lo hace ganando. Gran jugada.

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