¿Por qué me compraría un móvil de gama alta? Por la cámara

camara-foto-telefono-movil

Sí, si me comprase un móvil de alta gama sería muy probablemente por la cámara. Y siendo esa la motivación, apenas podría salir del tándem formado por los buques insignia de Samsung y Apple. Alguien podría decirme que también me vendría bien la potencia adicional, las altas prestaciones en otros aspectos o que el diseño seguramente me terminaría encantado. Y no digo que no. Es más, un sí rotundísimo a todo. Sin embargo, estos beneficios adicionales no son radicalmente necesarios. No son indispensables.

Aunque igual suena raro viniendo de alguien a quien la tecnología le apasiona, los cacharritos le vuelven loco y lleva trabajando en esto desde hace años, la gama media o media-alta cumple la mayoría de las veces incluso para ciertos usos intensivos. Incluso a nosotros, los más interesados en estar al día de este mundillo.

Renunciar a un modelo tope de gama generalmente supone renunciar a las actualizaciones más importantes de un sistema en forma y fecha. Supone no poder disfrutar de concretos servicios reservados a los terminales más punteros. Supone no experimentar rendimientos superiores, las potencias de los smartphones comunes del mañana, las características distintivas que poco a poco irá reproduciendo la competencia en modelos más modestos. Y supone renunciar también a un producto en el que, hasta el último detalle del interior y el exterior, de su diseño, ha recibido la máxima atención.

Son puntos muy a tener en cuenta, sin duda, pero relativos cuando hablamos de presupuestos ajustados. Por un par de cientos de euros menos de lo que suelen costar dichos terminales, y es restar poco, tenemos dispositivos más que competentes para una amplia mayoría. Con menos todavía, aunque sin bajar demasiado, encontramos modelos que en el día a día, incluso con un uso relativamente intensivo, no provocarán que nos tiremos de los pelos ni mucho menos. Es mi caso, con un BQ Aquaris M5 en la versión de 32 GB de capacidad y 3 GB de RAM.

Entre las renuncias anteriores, por cierto, no cuento ni pagos móviles, ni lectores de huellas dactilares, ni características similares. ¿Por qué? Porque hoy en día una gran mayoría de teléfonos de la gama media las incorporan. Incluida la primera, aunque no tengamos Android Pay aquí. Con el chip NFC y las aplicaciones tipo wallet que ya tienen la mayoría de grandes bancos basta, podemos pagar desde el teléfono sin problema en cualquier datáfono contactless.

No obstante, todo este razonamiento creo yo que puede cambiar si entra en juego la cámara. Un elemento que inequívocamente, hoy en día, es importantísimo en un teléfono móvil. Si esta hiciera que desterrásemos una compacta, una micro cuatro tercios o una réflex, la que tengamos, ahorrándonos una posible sustitución futura. Si provocase que incluso los más exigentes con la fotografía, los que nos gusta echar fotos a cualquier cosa, no echásemos de menos una cámara fotográfica de toda la vida excepto en las ocasiones más exigentes. Si eso sucediese, igual lo de sumar euros a la compra de un smartphone cambia. A una persona le dolería menos gastarse 600, 700 o incluso 800 euros, un pastizal que ronda muchos sueldos.

O le dolería igual, pero con una lente y unas instantáneas capaces de llenar —en parte— el vacío del bolsillo.

,

No hay comentarios todavía.

¿Algo que decir?