Microsoft Surface Studio, innovación y belleza para un público limitado

Estuve dándole vueltas durante la tarde de ayer al ordenador de escritorio que Microsoft presentó, ese todo en uno llamado Surface Studio, y a cómo habían vuelto a sorprenderme. Porque me gusta mucho. Tiene un diseño realmente espectacular. Me parece un alarde de buenas ideas y buen gusto como ya me lo pareció el Surface Book en su momento. Portátil que, por cierto, ha recibido una gran actualización.

Debe ser que los de Redmond no nos tienen acostumbrados a esta clase de productos, aunque cada vez sean más. Que verdaderamente es un dispositivo a tener en cuenta, aunque cueste 2.999, 3.499 y 4.199 dólares estadounidenses según la configuración, eso también. O que el ánimo de cubrir huecos, de buscar un público sin referencias claras a las que agarrarse para satisfacer sus necesidades, me haga asentir y reconocer que lo intentan una vez tras otra. Les salgan mejor o peor las apuestas.

Surface Studio es básicamente un sobremesa que ha aprendido de esas tabletas-ordenadores que son las Surface, de equipos como los iMac, del potencial de Windows 10 y de dispositivos como la Wacom Cintiq. Es un cúmulo de funcionalidades diversas, de características sumamente interesantes como ese panel táctil de 28 pulgadas, esa bisagra que permite moverlo a placer como si se tratase de una mesa de dibujo, que lo hacen un producto ideal —a priori y sobre el papel— para ciertos perfiles profesionales creativos. El público a quien sus creadores lo dirigen.

Hablamos de diseñadores de diferentes disciplinas, de fotógrafos profesionales, ilustradores, quizás de montadores de vídeo… a bote pronto, una muestra de la clase de personas que podrían encontrar en el nuevo miembro de la familia Microsoft un buen aliado para sus quehaceres. Este posicionamiento, es en mi opinión virtud y defecto. Porque dejando a un margen estas profesiones, ¿qué buena razón justifica un gasto mínimo de 2.999 euros para alguien que no es, como tal, uno de esos creadores de contenido digital?

Costando lo que cuesta y siendo como es, con el añadido del Surface Pen y del tan interesante Surface Dial, el elemento físico que sobre la mesa o la pantalla nos permite interactuar de un modo muy curioso y práctico, lo tiene complicado para conquistar al gran público.

Quizás no lo busca, porque en principio solamente quiere ir un paso más allá del concepto PC, pero la comparación inmediata surge con el polivalente iMac y este equipo de Apple, pese a ser usado en gran medida por esos profesionales creativos a los que aludía, es también adoptado por redacciones de medios de comunicación, como ordenador de sobremesa de particulares —usado para Internet, ofimática y poco más— e incluso como caja en ciertos comercios. En ello también pesa la marca, sí, es bien cierto, pero Microsoft con sus propios dispositivos también busca ese posicionamiento, como también lo busca Google con los suyos. Resulta innegable.

Por eso me pregunto si será suficiente para Surface Studio ser una opción considerable por creativos. Si Microsoft ha valorado adecuadamente qué clase de usuarios pueden sentir interés por su creación. Y sobre todo, si con los que finalmente den el paso, tendrá suficiente para sostener a lo largo del tiempo el concepto. Con las Surface, por las que algunos no daban nada, lo han conseguido. Veremos qué tal se les da con este «paso más».

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