El semanal ‘Ahora’ y el maldito dinero

La irrupción de Ahora en el panorama periodístico español me vino de perlas para desarrollar y exponer mi reflexión personal acerca del futuro de la prensa escrita, del papel que se toca, huele y rasga.

En aquel artículo decía que lo que se escribiría en soportes físicos, en un mañana en el que prácticamente todos vivamos conectados, serían análisis. Que la prensa tangible, la que podemos palpar con nuestras manos, esa que se compra en los quioscos que todavía quedan en nuestras calles, sería para el sosiego. La inmediatez, con el tiempo, quedaría reducida a lo genuinamente inmediato. La televisión, la radio, los medios digitales, las redes sociales… Creo que la idea queda clara.

Y decía que la llegada de aquel semanal me vino bien porque precisamente ejemplificaba con bastante precisión ese planteamiento que hacía y en el que todavía creo. El producto, además, estaba bien cuidado, era amable, ciertamente inteligente, bastante bien pensado. Poseía, además, unos principios para quitarse el sombrero. No había demasiada duda sobre él. O bueno, quizás sí: su rentabilidad. Lo bueno, maldita la gracia, no siempre proporciona posibles. Y desgraciadamente el dinero es necesario para prácticamente todo en este mundo. Al igual que el trabajo que suele proporcionarlo, el que habrá perdido la gente de su redacción.

Tal vez si hubiésemos organizado nuestras sociedades de otro modo, quizás todos tendríamos trabajo y una información no forzosamente mercantilizada y condicionada. O todos tendríamos los recursos necesarios para vivir con comodidad, sin que nadie lo pasase mal. Quién sabe, soñar es gratis. Pero sea como fuere, para nuestra desgracia, las cosas son como son. No vivimos en una utopía, el dinero lo rige prácticamente todo y el trabajo que nos lo proporciona y nos permite vivir con cierta comodidad —para incluso fundar un periódico— no está asegurado, aunque sea un derecho.

Así que, en previsión de la falta de liquidez y el posible endeudamiento hasta límites indeseables, según cuentan en la pieza que anuncia el cierre, Ahora baja la persiana sin haber tenido tiempo de consolidarse y darse a conocer lo suficiente. La edición en papel vio la luz por última vez el pasado viernes 14 de octubre, siendo el número 55 el último. Su página web, por el momento, no queda claro si permanecerá activa.

Diciendo adiós, el proyecto que con tanto ahínco quiso ver crecer el grande y siempre claro Miguel Ángel Aguilar se convierte en un símbolo más de la compleja tesitura en la que se encuentran los medios de comunicación en la actualidad. En momentos que —algunos al menos así lo creemos— son más necesarios que nunca. Difícil ver una clara luz al final del túnel que alumbre con justicia a todos.

,

No hay comentarios todavía.

¿Algo que decir?