‘Astral’, ‘To Kyma’… salvavidas en forma de documental

Hagamos memoria.

¿Nos acordamos cuando cada informativo, daba igual la cadena de televisión que sintonizásemos, abría con refugiados sirios llegando en balsas a Europa? ¿Cuando la fotografía del cadáver de aquel niño en la orilla de una playa provocó un lamento general? ¿Cuando todas las tertulias versaban sobre lo que hacía —o, mejor dicho, lo que no hacía— la Unión Europea? ¿Cuando la grave situación de los campos de refugiados y las fronteras de determinados países copaba portadas?

Pues nada ha cambiado. Y si lo ha hecho, solamente ha sido a peor.

Las heladoras cifras dejaron de sobresaltar hace tiempo. Las imágenes que las sustituyeron para mostrar lo que sucede con la mayor de las precisiones han seguido el mismo camino. Ni la sobreexposición gráfica de hechos tan dantescos consigue resultados cuando la reiteración los convierte en habituales. Las imágenes que estremecían se sucedían idénticas, día a día, pero ya no tenían el mismo impacto. La insensibilización ha llegado poco a poco. Nos hemos acostumbrado a lo incómodo. Y lo usual, por extraordinario que sea, deja de ser noticia.

Sin embargo, a veces surgen luces. Y provocan un punto de inflexión.

Recuerdo un documental que emitió laSexta hace menos de un año, entre semana si no recuerdo mal, en horario de máxima audiencia. Dirigido por el director y realizador David Fontseca y producido por La Kaseta Ideas Factory. Era To Kyma. Rescate en el mar Egeo, llamado así por el hostal de la isla de Lesbos que la pequeña oenegé española Proactiva Open Arms había hecho suyo. La pieza contaba sus actuaciones. Cómo desde aquel enclave, con los escasos recursos de los que disponían, esos hombres y mujeres partían al mar a salvar vidas de víctimas de los conflictos de Siria, Irak o Afganistán. Aquellas que, ya en aquel momento, se consideraban olvidadas por tantos ojos que un día las tuvieron en cuenta y ahora miraban para otro lado. Tan duro como real.

Esa producción sirvió para que personas como yo conociéramos de cerca el trabajo de organizaciones como la dirigida por el socorrista Òscar Camps. Para que diéramos el paso de aportar un minúsculo granito de arena a su titánica labor. Con un montoncito de esos pequeños granos pudieron conseguir, si no me falla la memoria, una lancha con la última tecnología para labores de salvamento. El documental había conseguido una reacción, aunque fuese una gota de agua en la inmensidad de un mar. Aunque fuese una respuesta de la sociedad civil, y no de gobiernos e instituciones.

Y estos días, necesariamente, vuelve la dura realidad a la pantalla. Lo hace de la mano de otro documental, Astral, producido por el programa Salvados dirigido por Jordi Évole. De nuevo con el trabajo de Proactiva Open Arms, esta vez desde un yate de lujo reconvertido en barco de salvamento. De nuevo con los refugiados, en este caso de países africanos, como protagonistas. Un documental que bien podría formar uno solo junto al de Lesbos. Un impecable trabajo audiovisual que hemos podido ver en salas de cine pagando una entrada que íntegramente recibirá la oenegé de Camps y que el domingo, mañana mismo, podrá verse en laSexta a partir de las nueve y media de la noche. Una pieza que enmudeció salas como hemos podido leer en tantos y tantos tuits o, como en el caso del Espai Rambleta donde yo la vi anoche, provocó un aplauso general durante los créditos.

Serán documentales que nos muestran hechos que conocemos o deberíamos conocer, sí, pero no dejan de ser menos necesarios si con su realización se consigue avanzar. Porque si uno siente un mínimo de empatía es imposible no estremecerse. Sabiendo lo que sabemos, viendo lo que vemos. Es imposible no pensar que las tornas podrían estar cambiadas. Que podríamos ser esas víctimas y ellos, por qué no, nuestros rescatadores en alta mar.

Inevitable es también sentirse de un tamaño minúsculo, ridículo, ante tal espectáculo. Viendo la enorme tragedia humana, pero viendo también cómo la valentía y la solidaridad empujan a tan grandes personas al mar, a ayudar a otros, sin pensárselo dos veces. Siendo, seguramente sin quererlo, un ejemplo de lo mejor del ser humano.

Ayudemos, pues, cada uno como pueda. Habiendo ido al cine. Aportando fondos para esta u otras tantas oenegés que están sobre el terreno. Reclamando a nuestros gobernantes, a nuestras instituciones, a los mandamases que mueven los hilos que, por una vez, hagan lo que deben hacer. Votando en consecuencia, por supuesto. Moviéndose, en definitiva, para que el drama que se está viviendo en el Mediterráneo llegue a su fin. Para que eso que sucede frente a la puerta de nuestros países, a la puerta de esa idealizada Europa que por tan bajas horas pasa, tenga la solución que merece.

¿Qué esperaríamos si estuviésemos en su lugar?

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