Sobre convergencia, productividad, movilidad y Andromeda

Cada vez estoy más convencido de que la fórmula de productividad perfecta para alguien como yo, que además de trabajar en una oficina también trabaja en casa y frecuentemente de viaje, es combinar un sobremesa potente y un portátil o un convertible —verdaderamente portátiles— más comedidos en prestaciones. Por ahora y en el escenario actual, aunque el panorama está cambiando de lo lindo.

Las razones por las que pienso esto las tengo bastante claras y las constato a diario con mi situación en cuanto a equipamiento y necesidades.

Dejando al margen la oficina, porque allí tengo un equipo de sobremesa que pertenece a la empresa y no tiene que ver con mi razonamiento, nos centramos en el trabajo desde casa y ocasionalmente desde fuera de ella. Para llevarlo a cabo empleo desde hace unos meses un buen equipo, un Asus ZenBook de 15 pulgadas con unas características técnicas que medité a conciencia. Un portátil que jubiló a un HP de 17 pulgadas, con un equipamiento que dejaba que desear, y redujo su diagonal respecto a su antecesor por una sencilla y obvia razón: la movilidad.

Sin embargo, las pulgadas actuales igualmente se me quedan grandes cuando pienso en desplazarlo. Ese estándar de facto bien podría haberlo reducido a las 13, era mi idea inicial, pero la diferencia de costes miniaturización mediante me echó para atrás. También, en parte, el miedo a quedarme corto sabiendo que las salidas tampoco iban a ser el pan nuestro de cada día, aunque hubiese tenido fácil solución con una segunda pantalla, lo sé. El caso es que lo muevo de aquí para allá, me lo llevo cuando es imprescindible, pero me sobra en esas circunstancias.

Con esta perspectiva, y ya embarrado, la idea que me seduce es la de hacerme con un portátil pequeño y discreto más o menos convertible, un equipo completamente mutable —al estilo del Pixel C, por poner un ejemplo fácil de visualizar, pero también más económico— o incluso una tableta con un buen teclado y un buen sistema que me permitiese ejecutar dos aplicaciones a la vez. Pero sin tirar la casa por la ventana y teniendo en cuenta, además, que me desharía de mi iPad actual y el nuevo dispositivo sería el destinado también al sofá y la cama. Sí, casi nada pido.

Es en este punto en el que me asaltan todas las dudas. Además del jaleo sobre qué clase de equipo sería mejor, se suma qué sistema verdaderamente cumpliría en todos estos propósitos. ¿Android? ¿Quizás Chrome OS? ¿Puede que Windows 10? ¿Instalar el fantástico Remix OS como fuese posible sería el remedio? La verdad es que no lo sé, pero tener noticia del proyecto Andromeda [sic] en el que supuestamente trabaja Google me ha iluminado.

Perdonadme si se me nota cierto hype imaginando algo que no conocemos y ni siquiera sabemos si terminará materializándose, pero creo que esa unión entre Android y Chrome OS puede ser el intento definitivo de la convergencia. Y de la productividad. Y de la movilidad. Un sistema tan flexible, tan versátil y tan convertible que pueda ocuparse de cualquier necesidad. Que sea bueno en un equipo de escritorio, en una tableta, en un portátil y en un teléfono móvil. Como debería serlo completamente Windows 10, y no termina de serlo, o como querían que lo fuese Ubuntu, que por el camino se ha quedado. Un dispositivo pensando en él puede que fuese la solución definitiva, incluso para olvidarse de un equipo fijo en casa.

Yo de momento espero, casi con ansiedad, el próximo 4 de octubre. Ese es el día señalado para la presentación de Google en la que presumiblemente veremos los nuevos teléfonos de la compañía, ahora también llamados Pixel, y en la que puede que descubramos Andromeda. De momento, las esperanzas ahí están. Hiroshi Lockheimer, responsable de Android, Chrome OS & Play, tuiteó el pasado sábado unas palabras que prometen:

«Hoy hace ocho años que anunciamos la primera versión de Android. Tengo la sensación de que dentro de ocho años hablaremos del 4 de octubre del 2016».

Venga, que así sea.

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  1. Andromeda, yo te espero | Toni En Blanc Blog - 05/10/2016

    […] el caso. Una solución que muchos esperamos con ciertas esperanzas, si se plantea como creemos, como explicaba en el anterior artículo, y que no ha […]

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