No somos blogueros

Este año, por fin, fui al EBE. Tras años siguiéndolo a través de los streamings y sus hashtags en Twitter, y otros tantos años valorando la posibilidad de asistir, esta vez me decidí. Cuando me correspondió pedir vacaciones, en primavera, me reservé unos cuantos días para noviembre. Días para el congreso, un viernes, un sábado y un domingo, y un día por delante y otro por detrás para aprovechar y hacer turismo en Sevilla, una ciudad que no conocía.

La capital andaluza es fantástica. Buena comida, buena gente y de un tamaño perfecto para poder ir paseando a casi todos lados. Ah, y con preciosos atardeceres desde sus SetasY el EBE más de lo mismo, genial. Coincidí con viejos amigos y conocidos, desvirtualicé a grandes personas y disfruté bastante con las ponencias, aunque me perdí algunas que me interesaban porque se solapaban con otras que también me interesaban. Por contenidos, en el EBE, no será.

Pero no me quiero desviar del motivo de este artículo y es que, como reza el título, nosotros, los que escribimos en blogs como este mismo, no somos blogueros. Y sí, no estoy descubriendo la pólvora ni mucho menos. Esto lo dicen muchas personas, mucho más enteradas que yo y desde hace años. Una de ellas lo dijo hace siete, precisamente en una conferencia de clausura de Evento Blog España, que ha recordado Enrique Dans en su artículo sobre el activista Raif Badawi y el premio Sájarov que ha recibido. Fue el escritor y periodista argentino Hernán Casciari, cuando trató la eterna muerte de los blogs.

Bloguero, en español, se parece a un insulto tropical. […] Yo creo ser escritor desde los 9 años, porque esa fue la edad con que escribí mi primer cuento a máquina y alguien lo leyó. Y a mí me parece que soy periodista desde los trece, porque a esa edad me publicaron una crónica de 1.500 caracteres sobre basket, sobre baloncesto, en el diario de mi pueblo. […] Entonces, desde que tengo memoria, cuando me preguntaban cuál era mi oficio yo decía escritor, si me lo preguntaba una chica, o decía periodista, si me lo preguntaba un chico. […]

Desde hace mucho tiempo, desde hace un cuarto de siglo, veinticinco años, vengo utilizando para escribir cuentos, mis crónicas, las boludeces que escribo, utilizo las diversas herramientas de escritura que me proponen los tiempos en cada momento. Lápiz, cuaderno; tiza, pizarra. Después vino bolígrafo, carpeta; máquina de escribir, folio A4. Más tarde máquina de escribir eléctrica, folio carta; después ordenador 286, Wordperfect 5.0, formulario continuo, impresora a chorro. Después ordenador Pentium, impresora láser y así. Nunca, pero nunca jamás en todo ese tiempo, a nadie se le ocurrió bautizarme cuadernero, ni pizarronero, ni carpetero, ni olivetero, ni wordperfectero, ni mucho menos impresor de chorretero, que hubiera sido penoso. […] En el siglo XX no importaba dónde escribieras, ni en qué soporte; si escribías eras escritor, punto. […]

Al finales del año 2003, intentando mantener ese equilibrio cotidiano con el progreso, empecé a escribir una novela online, y en vez de utilizar un cuaderno, una pizarra, bla bla bla, tuve la idea de utilizar un blog. Desde ese día, desde ese día, en casa suena el teléfono y preguntan por un bloguero. […]

Apuesto a que morirá en unos dos años como mucho la noción de que un blog es un género, porque esto le hizo muchísimo mal a la creación natural de contenido. Un blog es una herramienta de trabajo y nada más. Y no es revolucionaria, ni es fenomenal [por la llamada revolución de los blogs y el fenómeno de los blogs], […], hay que mezclarlo con algo. Es útil para el que tenga alguna cosa que decir; para lo demás habrá siempre, siempre, nuevas modas donde cobijarse. […] Apuesto a la muerte de la herramienta en manos de revolucionarios y de fenómenos, y de la manipulación de los modernitos sin oficio conocido y de los medios de prensa. Apuesto a la normalización y a la costumbre, apuesto a que una vez desparecido el sambenito de la revolución, el formato surgirá con tanta fuerza que será invisible, útil y cotidiano. Y apuesto a que entonces, sí por fin, prevalecerá, como está empezando a ocurrir, el talento de cada una de las personas que lo componen.

Creo que a las palabras de este sí que fenómeno, que por cierto cerró la segunda jornada del EBE de este 2015, poco más hay que añadir. La apuesta, aunque no sabía si decir que fue en esos dos años, la ganó. Los blogs eran, son y serán la herramienta, como bien dice. Son el medio de expresión, como lo eran las libretas que quizás rellenábamos de pequeños con historias varias o nuestras participaciones en los periódicos escolares de los centros donde estudiamos. Son el modo y poco más.

Porque no somos blogueros; nosotros escribimos.

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