Un desayuno con un maestro: Ricard Camarena

5 de noviembre de 2015. 9 y media de la mañana. Distrito de Jesús de la ciudad de Valencia. Centro cultural La Rambleta. 25 jóvenes, aunque si no conté mal al final fuimos unos pocos más, nos reunimos en torno a cafeteras, botellas de leche, zumo de naranja natural y un buen surtido de dulce y salado para desayunar. Pero no entre nosotros, que también, sino con un maestro: Ricard Camarena.

Vicent Molins y Mariola Cubells eran los anfitriones del encuentro y los artífices de la actividad marco en Factoría Rambleta que inauguraba el cocinero de Barx, Desayuno con maestros. ¿El objetivo? “Apostar por los vínculos entre figuras incontestables y aprendices”, unir a “referentes en variados campos del conocimiento […] con 25 jóvenes valencianos para compartir mucha inspiración”. Y de qué manera.

El responsable de Canalla Bistró, Central Bar, Habitual y su principal casa, Ricard Camarena Restaurant, poseedor de una estrella Michelin y tres soles Repsol, arrancó el encuentro quitándose de encima las loas con las que justificadamente había sido presentado: “Soy cocinero, nada más”. Porque aunque uno haya leído previamente sobre su figura, devorado entrevistas y escuchado a los que lo han tenido cerca, probablemente no alcance a vislumbrar cuán humilde, natural y pla, que diríamos en valenciano, es.

En una primera parte en la que respondió a las preguntas y reflexiones de los conductores del desayuno, y en una segunda y principal en la que dialogó con los que allí estábamos, Ricard puso de manifiesto que lo más importante para él es la calidad humana. Primero hay que ser buena persona, decía, y a partir de ahí construir el resto.

Una pauta aplicada a sí mismo y a sus equipos, porque confesó que no veía los currículos o, al menos, no en primer término. Lo que le interesaba era la bondad de la persona, el saber que carecía de egos desmedidos, de aspiraciones que pudiesen desembocar en ganas de meter el codo a compañeros. Una vez comprobada la benevolencia, la ilusión por el proyecto y las ansias de ponerse entre fogones, entonces sí, se hablaba estrictamente de cocina.

El chef valenciano por excelencia habló de cómo somos los valencianos, de por qué no debemos mirarnos el ombligo sino trabajar, de cómo nos puede costar más llegar a destacar respecto a polos de atracción dentro y fuera de España, pero por qué hay que hacerlo. Habló de política, de corruptos, de cómo lo importante es la esencia y lo demás hay que añadirlo después, de cómo hay gente que cree en lo que hace y de por qué los fracasos enseñan y son completamente necesarios. De por qué hay que alejarse del humo, de los supuestamente entendidos que en realidad no lo son, del postureo y las falsas poses.

Filosofía de vida y visión del mundo con tanto sentido común, tanta sensibilidad alejada de florituras, tanta franqueza. Ricard Camarena, que aplica estas doctrinas vitales a la cocina y sus restaurantes, dio una amplia y valiosa lección a la treinta de personas que en torno a él nos congregamos. Nos ejemplificó en su figura que con buena fe, llaneza y esfuerzo quizás uno no escala todo lo rápido que le gustaría, pero lo hace. Y si el resultado no es del todo satisfactorio, al menos queda el consuelo de haber sido alguien íntegro. Una lección que llegó, conociéndole como allí lo conocimos, sin pretenderlo.

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  1. Entre las bambalinas de la alta cocina | Toni En Blanc Blog - 28/11/2015

    […] hay simplemente trabajo, verdadera pasión por el oficio y dedicación total a los clientes. En el desayuno con Ricard Camerena comprobé eso mismo también. En todos ellos hay amor por lo que hacen día a día, se ve en sus […]

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