Buscando a mi media naranja móvil

Estaba pensando hace tan sólo unos instantes cómo comenzar este artículo tan nimio y me ha venido a la cabeza la relación que tenemos con nuestros teléfonos móviles un buen número de personas, especialmente aquellas más techies, por colocar una etiqueta.

Nos gusta especialmente un terminal, nos lo compramos, al principio no podemos dejar de andar con él, nos sorprende cada cosa nueva que le descubrimos y pasamos un tiempo maravilloso junto a él. Pero pasan los meses y comienza a tener algún lag, de pronto no responde a lo que le pedimos, probablemente se junta con que el fabricante lo abandona a su suerte sin ninguna clase de actualización, termina por estar gravemente desfasado… No sé, me suena a ciertos amores de verano.

Si al final no te deja él, tu teléfono, porque algunos de sus componentes o todo en sí mismo ha dicho basta, al final lo dejas tú, guardado en algún cajón cogiendo polvo, porque te ha dejado de servir. Y es que seamos sensatos, los móviles por obsolescencia programada, intrínseca, otra a la que no le hayamos puesto ni nombre ni significado y porque es ley de vida —o mejor dicho, de capitalismo—, llega un momento en el que quedan anticuados.

En su momento te encantaron todos los que tuviste, disfrutaste mucho con ellos y eran tu media naranja, pero sabías que aquello era efímero, que tarde o temprano habría que decir adiós y consolarse con lo bueno. Porque con un móvil la cosa nunca va para largo, no suelen sonar campanas de boda y, si suenan, es para ir preparando los papeles del divorcio.

Mi caso con mi todavía actual teléfono, y ahora se os va a caer un mito, no fue tan efímero. En pleno otoño del año 2015 un servidor continúa en el bolsillo con un iPhone 4. Sí, ese terminal de Apple que vio la luz hace más de un lustro, que yo tengo desde hace cuatro años y un buen pico y que actualmente ejecuta iOS 7.1.2 y gracias. Un amor de verano más largo de lo habitual que llevo unos cuantos meses queriendo darle fin. La relación, como puede imaginarse, comienza a ser desgraciadamente insostenible.

Así que desde que estrenamos este año con rima cuñada estoy con la búsqueda de mi nueva media naranja móvil. Las premisas son básicas: buena o muy buena relación calidad-precio (los tiempos de gastarse alegremente 600 euros en un teléfono porque sí se terminaron) sin pasar de unos 350 euros aproximadamente, prestaciones de medias a altas (me gustaría necesitar mucho más para ir a por un topísimo de gama muy justificadamente, pero no es el caso), Android lo más puro posible (porque sí, me paso al lado oscuro o claro, según se mire) y pantalla que no pase (apenas) de las 5 pulgadas.

Con esos tres puntos esenciales la elección estaba bastante clara hace un tiempo entre los Nexus que estaban por llegar, los Motorola que estaban lanzándose y los BQ que más de lo mismo, pero los planes se han truncado.

El barato de Google que pudimos ver el otro día en la presentación de la compañía —junto a nuevos Chromecast (autobombo, I’m sorry) y la tableta— ha traspasado la línea roja de mi precio, así que Nexus 5X descartado, por muy amor de mis amores que fuese.

Sobre Motorola… El Moto G es un telefonazo, aunque suene fatal ese aumentativo, pero se me quedaría seguramente algo corto; el Moto X Play no cumple requisitos importantes, fuera; y el Moto X Style, el que más podría acoplarme, se pasa un poco con la pantalla y especialmente en el precio.

Y llegamos a BQ. El Aquaris M5 lo tenía calado desde que fue anunciado, cumplía todo lo que deseaba (incluyendo un mínimo de 3 GB de RAM) y era ideal, aunque no tuviese algunas pijadas como el lector de huella al que le tengo ganas. Y hoy era el día.

Tras el chasco del martes con los Nexus me había decidido. Ni ideas de olla que tenía en mente pensando en conseguir invitaciones para el One Plus Two, aunque no me termine de convencer por varios asuntos, o esperar pacientemente unidades del Honor 7 con el frontal negro; iba a comprarme el BQ Aquaris M5. Hasta este tuit.

Probablemente anuncien nueva gama de teléfonos, sí, probablemente esta no salga hasta finales de la primavera de 2016 o inicios del verano, también, pero el caso es que prefiero escucharlo de boca de los responsables de la marca española el 14 de octubre antes que llevarme un chasco viendo que tienen otros planes más inmediatos y yo un terminal en la mano condenado a un ostracismo prematuro.

Así pues, vuelvo a la casilla de salida mientras lo del BQ queda en stand by. ¿Conseguiré decidirme por uno? Por no saber, no sé ni si decidirme a contestar de la manera que sea esta pregunta.

 

,

2 respuestas a Buscando a mi media naranja móvil

  1. Tomás Pulido Galán 14/10/2015 a la(s) 14:50 #

    Teniendo en cuenta todo el tiempo que has estado con el iPhone creo que hasta te ha salido barato, no creo que un Android te vaya a durar tanto, apuesto a que terminas cansándote mucho antes (además que ni de coña tendrás tanto tiempo de actualizaciones).

    ¿Has considerado un Lumia? Yo tengo un Lumis 920, un teléfono con 3 años ya, y además de ir como el primer día (cosa que no puedo decir de los Android que han pasado por mis manos) ¡aún recibiré la actualización a Windows 10!

    • Toni Castillo 14/10/2015 a la(s) 21:40 #

      Sin duda, Tomás, el iPhone está más que amortizado y como muy bien dice, pese a todo, ha aguantado incluso «demasiado» bien para los años que lleva a las espaldas.

      Respecto a los Lumia los había considerado, sí, llevo considerándolos tiempo y más con la llegada de Windows 10, pero lo cierto es que sinceramente creo que su limitada tienda de aplicaciones se me quedaría corta, echaría en falta más de una seguro y eso me coarta a la hora de decidirme. No obstante, no descarto hacerme con uno económico por probar el sistema en el día a día y, de paso, intentar de aprovechar de algún modo lo bien que se presupone que se entienden con los ordenadores con Windows 10.

¿Algo que decir?

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.