‘Magical Girl’ y cuánto valoramos el cine español

Leía hace unos días en un tuit que Magical Girl, seguramente una de las mejores películas que vi el año pasado y una de las mejores que ha dado el cine español últimamente, había conseguido recaudar en menos de un mes en Francia lo que en España no había ingresado en todo su paso por los cines.

Concretamente, leo ahora en Cinemanía, la cinta de Carlos Vermut reunió en salas patrias algo más de medio centenar de miles de espectadores. Poco más de 250.000 euros se dejaron. El tiempo que aguantó desde el estreno hasta que los carteles fueron descolgados es, eso sí, un dato que desconozco.

En Francia, puede leerse en Fotogramas, ha conseguido en menos de un mes alcanzar una recaudación estimada en alrededor de 300.000 euros y una cifras de asistencia similares a las españolas en toda la temporada. Como guinda al pastel, el largometraje que se estrenó en 45 salas cuenta, desde hace dos fines de semana, con 55. Allí, por cierto, la han llamado La niña de fuego, como la canción de Manolo Caracol que forma parte de la banda sonora.

Con todos estos datos, y habiendo comprobado la calidad del filme, a uno le vienen varias preguntas a la cabeza. ¿Valoramos demasiado poco nuestro cine? ¿Es que acaso los franceses tienen mucho mejor gusto (lo de más cultura cinematográfica lo doy cuasi por descontado) que nosotros? ¿Quieren más a nuestros directores allí? ¿O, sencillamente, esta película tan especial encajaba más con un público como el francés que suele coquetear más frecuentemente lejos de convencionalismos?

Respuestas a estas preguntas no tengo —o sí, pero probablemente sean fruto de algunos prejuicios—, pero ganas de volver a ver una película que cuenta tanto mostrando lo justo, que engaña descaradamente hasta el momento adecuado y abre heridas con tan poca sensibilidad que parece que no lo haga, ganas de volver a ver una película como Magical Girl sí, muchas.

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