Algo

El otro día tenía lugar un gran evento tecnológico, ya tradicional en el final del verano, y advertí más severamente de lo habitual una sensación que vengo experimentando desde hace un tiempo: no sentía especial ilusión por ver qué podían presentar. Y la culpa no es de los de Cupertino, ni del mundo de la tecnología, ni de filtraciones, ni de nada de todo eso. La sensación, de hecho, no guarda relación alguna con cacharritos ni empresas californianas. Esa falta de emoción me pertenece estrictamente.

En los últimos meses unos cuantos hechos han tenido lugar en mi entorno, en mi vida y en mí mismo. No muchos, no especialmente notables, no significativamente fuera de lo común de la vida de cualquiera, pero sí con el suficiente mínimo peso como para provocar relativas alteraciones que desencadenan a su vez otras relativas alteraciones. Todo muy relativo, ya se ve. Estas no serán probablemente las denominaciones adecuadas, pero es que en realidad no sé muy bien qué palabras emplear. Y lo cierto es que tampoco estoy seguro que todo ello, como digo nada del otro mundo, tenga relación con lo que cuento.

El caso es que quizás una palabra como desasosiego podría acercarse a lo que siento bastantes veces. “Sentir-se desficiós”, que diríamos en la lengua de Ausiàs March y que difícilmente podríamos trasladar adecuadamente a la de Miguel de Cervantes, pero más en serio. Una sensación cercana a una intranquilidad latente, de en ocasiones sentirse conocedor de la falta de algo sumamente impreciso, de necesitar llevar a cabo algo indeterminado en precisos momentos, de transformar lo que sea en otra cosa. O no hacer nada de nada. Aunque no sé si estas oraciones tienen algún sentido o llegan a acercarse fielmente a la realidad, sinceramente. Todo es imprecisión.

Llegados a este punto, ¿qué? Por un lado he comenzado con algo cercano a la meditación, asunto al que quizás algún día le dedique un artículo como excusa para publicar algo más en este abandonado espacio dedicado a las letras y, de paso, disipar esos graves gestos que se están dibujando en algunas caras en este preciso instante pensando: “se ha vuelto magufo“. Porque en serio, todo tiene su explicación. Lo podemos llamar meditación o simplemente desconectar la cabeza un poco, relajarse obstinadamente, poner la mente en blanco. Tiene hasta respaldo científico, creedme. Eso sí, no sé ni si me sirve para todo esto que cuento.

Y por otro, que no quiero perder el hilo, no estoy haciendo nada. Y esa última palabra lleva cursiva porque en realidad estoy leyendo, escribiendo, trabajando, entreteniéndome, viajando… viviendo en la medida de lo posible, vaya, pero no hay nada en ninguna de las actividades que llevo a cabo que vaya especialmente dirigido a cambiar algo porque, como ha quedado más que patente, no sé siquiera si hay algo que cambiar. Escribo este artículo, por ejemplo, porque creo que quizás compartir esta suerte de intranquilidad me sirva para algo, pero no tengo ni la menor idea.

¿Debería hacer algo más concreto? No lo sé. ¿Debería dejar esta parrafada que no sé ni por qué he escrito ni por qué he publicado en este preciso instante? Probablemente sí.

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  1. Microsoft, con el Surface Book, sí ha sorprendido | Toni En Blanc Blog - 06/10/2015

    […] lo que contaba en aquel pesimista artículo de hace un año y lo que daba pie al que inició hace casi un mes mi vuelta más constante al blog. En síntesis, una falta de emoción ante este tipo de […]

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